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Mitos y verdades sobre el cáncer en perros y gatos: lo que todo tutor debería saber

Recibir un diagnóstico de cáncer para un perro o un gato es una de las noticias que ningún tutor quiere escuchar. Sin embargo, alrededor de esta enfermedad también existen muchos mitos que pueden generar miedo, confusión o incluso hacer que algunas personas demoren la consulta con el veterinario.

La buena noticia es que la oncología veterinaria avanzó muchísimo en los últimos años. Hoy existen herramientas para detectar muchos tumores de manera temprana y tratamientos que buscan, por encima de todo, preservar la calidad de vida de nuestras mascotas.

Por eso, reunimos algunos de los mitos más frecuentes para ayudarte a entender un poco más sobre este tema.

Mito 1: "Todos los bultos son grandes y duelen"

Falso.

Uno de los errores más comunes es pensar que un tumor siempre se presenta como un bulto grande, evidente o doloroso.

La realidad es que muchos tumores comienzan siendo muy pequeños y pasan completamente desapercibidos. Incluso algunos no generan ningún tipo de molestia durante mucho tiempo.

Un claro ejemplo son algunos tumores mamarios, frecuentes en perras y también presentes en gatas. En sus primeras etapas pueden sentirse como pequeñas bolitas debajo de la piel, sin dolor y sin afectar el comportamiento del animal. Justamente por eso es tan importante detectarlos a tiempo.

No todos los bultos son cáncer. Existen quistes, lipomas (tumores benignos), inflamaciones y otras lesiones que no representan un riesgo importante. Pero como es imposible diferenciarlos solamente observándolos o tocándolos, siempre es recomendable que sean evaluados por un veterinario, quien podrá indicar los estudios necesarios para llegar a un diagnóstico.

Cuanto antes se detecta un tumor, mayores suelen ser las posibilidades de tratamiento.

Mito 2: "La quimioterapia siempre empeora la calidad de vida"

Falso.

Muchas personas asocian la quimioterapia veterinaria con la experiencia que atraviesan algunos pacientes humanos. Sin embargo, los tratamientos en medicina veterinaria tienen un objetivo diferente.

Mientras que en medicina humana muchas veces se busca utilizar la dosis máxima posible para eliminar el cáncer, en oncología veterinaria la prioridad es mantener una buena calidad de vida durante todo el tratamiento.

Por eso, los protocolos suelen estar adaptados para que perros y gatos puedan seguir disfrutando de su rutina.

La mayoría de los pacientes tolera muy bien la quimioterapia. Algunos pueden presentar efectos secundarios leves y transitorios, como vómitos, diarrea o un poco de decaimiento durante uno o dos días, pero generalmente son controlables con medicación. Además, la caída de pelo es mucho menos frecuente que en las personas y depende del tipo de pelaje y de la raza.

Cada mascota es diferente, pero el objetivo siempre es el mismo: que continúe comiendo, jugando, paseando y compartiendo tiempo con su familia mientras recibe el tratamiento.

Mito 3: "Los perros mayores siempre desarrollan cáncer"

Falso.

Es cierto que el riesgo de desarrollar cáncer aumenta con la edad. A medida que los años pasan, las células acumulan cambios que pueden favorecer la aparición de distintas enfermedades, entre ellas algunos tumores.

Pero eso no significa que todos los perros o gatos mayores vayan a tener cáncer.

Muchísimas mascotas llegan a edades avanzadas sin desarrollar esta enfermedad.

Lo importante es entender que, a partir de cierta edad, los controles veterinarios periódicos cobran aún más importancia. Un chequeo clínico, acompañado cuando sea necesario por análisis de sangre o estudios por imágenes, puede ayudar a detectar problemas antes de que aparezcan síntomas evidentes.

El envejecimiento no es una enfermedad. Con buenos controles, una alimentación adecuada, ejercicio y atención veterinaria, muchos perros y gatos disfrutan de una excelente calidad de vida durante muchos años.

Mito 4: "El cáncer es contagioso entre mascotas"

En la enorme mayoría de los casos, no.

El cáncer no se contagia por convivir, compartir platos, dormir juntos o jugar entre mascotas.

Existe una excepción muy particular conocida como Tumor Venéreo Transmisible Canino (TVT) o Tumor de Sticker, una enfermedad que afecta exclusivamente a los perros y se transmite principalmente durante el apareamiento o por contacto directo con las lesiones. Suele observarse con mayor frecuencia en poblaciones de perros callejeros o sin control reproductivo.

Se trata de una enfermedad poco habitual en perros que viven dentro de un hogar, reciben controles veterinarios y tienen cuidados sanitarios adecuados.

Por eso, si un perro o un gato es diagnosticado con cáncer, no hay motivo para aislarlo de las demás mascotas de la familia. En la inmensa mayoría de los casos no existe riesgo de contagio.

¿Qué señales conviene observar?

Más allá de estos mitos, hay algunos cambios que siempre merecen una consulta veterinaria:

  • Aparición de bultos nuevos o que aumentan de tamaño.

  • Heridas que no cicatrizan.

  • Pérdida de peso sin explicación.

  • Disminución del apetito.

  • Sangrados anormales.

  • Dificultad para respirar.

  • Cambios persistentes en el comportamiento o en el nivel de actividad.

Ninguno de estos signos significa necesariamente que exista un cáncer, pero sí son una buena razón para consultar cuanto antes.

La detección temprana puede marcar la diferencia

Hablar de cáncer nunca es fácil, pero estar informados ayuda a tomar mejores decisiones.

Hoy la oncología veterinaria cuenta con herramientas diagnósticas y tratamientos cada vez más avanzados que permiten acompañar a muchos perros y gatos con excelentes resultados y, sobre todo, con una buena calidad de vida.

Como tutores, una de las mejores formas de cuidarlos es prestar atención a los cambios que presentan, realizar controles veterinarios de manera periódica y consultar ante cualquier duda.

Porque cuando se trata de su salud, detectar a tiempo también es una forma de demostrarles todo nuestro amor.