Cómo la presencia de un perro favorece el desarrollo socio emocional de los más chicos

Los argentinos son reconocidos en el mundo por su fanatismo por las mascotas y principalmente por los perros. De hecho, un 70% de los hogares que tienen un can lo consideran como un miembro más de su familia, según lo indica un informe de Omnibus Kantar TNS Gallup, y este vínculo no es sólo afectivo sino que también genera beneficios para la salud de los humanos, principalmente durante la primera infancia, dado que el contacto con los animales impacta positivamente en el desarrollo socio-emocional de los niños.

La infancia es el momento en el que una persona forma su personalidad, se establecen las bases de su carácter y desarrolla la estructura psíquica que determinará sus deseos y necesidades. Según un proyecto de investigación realizado por la Universidad de San Buenaventura (2008), tener animales domésticos tanto en la niñez como en la adolescencia juega un papel importante en el establecimiento de una identidad propia.

Si bien la presencia de los perros genera un desarrollo favorable, tal como se mencionó previamente, los efectos van más allá que ello. La conexión y empatía que se desarrolla entre ellos y los niños a través del juego es casi automática. Según el trabajo Interacción con animales desde el punto de vista infantil realizado por Elisabeth Sevilla Fernández (2015), la presencia del juego es de suma importancia durante la niñez, ya que funciona como una fuente de enriquecimiento para la imaginación y la creatividad. También es considerado uno de los medios más poderosos para que los niños aprendan nuevas habilidades y conceptos a través de su propia experiencia.

Sin embargo, a pesar de todos los beneficios que genera el vínculo de los perros con los niños, la elección de la mascota correcta no es tarea fácil y no debe tomarse a la ligera. Independientemente de si se tiene un perro mestizo o de raza, a la hora de hacer convivir perros y niños es importante saber que el comportamiento de los perros se debe en un 30% a su genética, mientras que el 70% restante es adquirido a través de su educación y el ambiente en que vive.

Los humanos podemos influir notoriamente en que un perro sea amigable y seguro para los niños pequeños. Por eso, es importante informarse con el médico veterinario sobre cuáles son los comportamientos normales de un perro y cómo debemos estimularlos.